EL VIAJE MÁS IMPORTANTE

Atardecer en New York

Les contaré sobre un viaje que no es muy bonito pero me está tocando vivir. En estos últimos meses el ánimo y las ganas de seguir por el sueño se habían agotado. La depresión es un acto complejo que a veces muchos no entienden. Escuchar respuestas como: No puedes estar triste si vives en el paraíso, vives viajando y mil cosas más. Sentía que tenían mucha razón, que no podía estar triste, no podía ser desagradecida por todo lo que tengo, pero la verdad, ese mismo pensamiento me estaba enterrando en lo más profundo de mi alma oscura. Esta «responsabilidad» no me dejaba pensar, no estaba logrando que nada me llenara, tanto a nivel personal como laboral, en especial que mi trabajo necesita mucho de mis emociones para poder lograr conectar con el otro, porque sin eso, para mí es una obra hueca y creo que en eso me estaba transformando. En una gran maqueta hueca.

Meses intentando buscar respuestas a todas estas emociones, respuestas que esperaba que el tiempo me las revelara, pero lo unico que estaba sintiendo es que las respuestas se esfumaban en cada segundo que avanzaba en este camino.

Miraba a mi alrededor y veía que todo avanzaba a gran velocidad y yo detenida sin saber dónde ir. Tenía que hacer algo para cambiarlo.

La depresión es una enfermedad silenciosa, que se arrastra por mucho tiempo debido a que la vorágine de la vida no te deja tomarte el tiempo para sanarlo porque sí, es una enfermedad y hay que cuidarla.

En este viaje de tristeza contenida, la naturaleza fue unas de las medicinas más importante, ella me enseñó el valor del tiempo, el valor de sentir y de aceptar todos esas heridas que se han hecho en la vida y que pueden cicatrizarse. Rodearte con gente que te quiere y te apoya, de especialistas que son seres importantes para encontrar el camino.

Cuando te sientas en las sombras de tu alma, intenta siempre encontrar esa luz y agárrala con fuerza porque es la que le va dar sentido a muchas cosas cuando estás perdido en la oscuridad.

Me fui de viaje unos días en busca de eso que me volviera a mover mi corazón, no sabía qué pero fue uno de los actos más simples, fue estar sentada mirando el atardecer y ver el tiempo pasar y de un momento a otro por mi rostro caían unas lágrimas que representaban que estaba más viva que nunca.

La reflexión fue que aunque se interpongan miles de obstáculos, cansancio y miedos, llega ese momento que pensaste que nunca llegaría, ese sueño se hace realidad. Todo el aprendizaje que obtuviste en el camino no podía ser de otra manera porque gracias a eso tú cambiaste y te paras frente al mundo con otros ojos.

Y lo último, que nadie te diga que no puedes estar triste porque es una emoción igual de importante que la alegría, una depende de la otra, porque en los contrastes se ve la totalidad de las cosas.

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